Por Jose Carlos Chiquín
Anoche, estuve pensando en vos… Estuve rescatando tu recuerdo, y al hacerlo, más de una lágrima se asomó curiosa a mis ojos… Anoche, estuve sumido en tus paisajes y descubrí algo desde muy adentro: ¡Te extraño! Siento la pesadez de la distancia que entre nosotros se pasea, nuestra convivencia ha sido tan grande que te has quedado impregnada en cada partícula de mi cuerpo, mente y alma.
Recuerdo… y trato de recordar el nostálgico ritmo de tus sones, que en forma de tibio murmullo nos susurran al oído tus marimbas. ¿Qué mejor ejemplo de esa nostalgia que hoy me inunda?
Recuerdo… y trato de que no se me escape el sabor de tus tamales, chuchitos, pepianes, ¡Ah! Y tus atoles: blanco, de elote y de tantos otros matices…
Recuerdo… y añoro los días en que huía asustado del torito que hacía su gala de luces frente a la iglesia de mi pueblo, o del grupo de “moros” que de esquina en esquina llevaban la alegría de nuestra niñez.
Recuerdo… y hondo suspiro escapa de mí al pensar cuánto me gustaría estar volando un barrilete frente a algún cementerio, sintiendo la caricia de los vientos de noviembre, y aún con el sabor a fiambre en mi paladar…
Quisiera salir, correr, volver al patio de mi casa e intentar bailar un trompo, construir un “chajalé” de tapitas viejas, a buscar un viejo caparazón de tortuga y un par de olvidados chinchines…
¡Ah Guatemala! … ¡Cuánto te quiero! Cuánto daría por estar ahora caminando por empolvadas calles, entre murmullos de gente, disfrutando una de tus tantas ferias autóctonas, sencillas, originales… ¡Déjame recordarte! y permite que me inunde la devoción, esa misma que nos llena en tus procesiones de alfombras multicolor, de olor a corozo y trajes de cucurucho…
Yo sé que aquí no sale el Cadejo, ni grita la Llorona, ni espantan el Sombrerón o la Siguanaba… Tampoco encuentro el consuelo de un anciano que reverente me hable de ti, de cómo eras en tus días de antaño que el tiempo ha borrado…
¡Guatemala! …Sencilla palabra que despierta en mi ser una avalancha de nostalgias, porque te tengo lejos, pero a la vez, tan cerca… y me basta con cerrar los ojos para hacer que tus tradiciones resuciten en mi mente…
Hoy descubrí algo: ¡Cuánto te extraño!
Jose Carlos Chiquín
1996